A Sonia y su látigo de seda
- E.T.

- 18 ene 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 feb 2025

Estoy a punto de cumplir ya 10 años como “empresario” A vivir de mi trabajo mas bien. Porque mi empresa soy básicamente yo haciendo un poco de todo; con ayuda de gente que me aporta ideas, manos y alegría. A mi, que no he sido capaz de hormigonar ni hacer crecer un gran proyecto por falta de ambición y decisión, me produce una especial admiración la gente con dotes de gestión. Admiración y envidia. La gente con inteligencia ejecutiva que asume y dirige un proyecto con determinación. Que mantiene una actitud positiva y diligente.
Hay mucha gente así, lo se. Pero esa gente no es como Sonia.
Sonia es una nueva vieja amiga. En realidad la conozco hace mas de 20 años, pero somos amigos ahora. Aquella coincidencia lejana y seguramente no tan cercana, nos mantuvo en la lista de conocidos, pero solo años después hemos llegado a la pantalla de amigos.
Me gusta Sonia porque es un animal atípico. Sonia es angelical. Cualquiera la definiría así. Impecable siempre, adorable en el trato, cariñosa, jovial y apetecible…. Pero yo creo que en muchos momentos estará harta. Estoy seguro que algunos dias cuando llega a casa se quita el personaje de encima como un abrigo y lo tira sobre la cama con rabia.
En estos meses de convivencia profesional he visto muy de cerca lo que es engendrar un proyecto mayúsculo desde cero. Con su diminuta presencia Sonia ha estado al volante de un gigantesco camión lleno de dinero con el que se iba a construir algo grande, sólido y rotundo como un castillo medieval que al final resultó ser de naipes.
En aquel castillo había un rey, cortesanos, varios bufones y siervos dispuestos a matar. Yo incluso formé parte del vasallaje hasta que mis servicios ya no fueron precisos.
Sonia, la damisela, resultó ser la verdadera ama de llaves, gobernanta, virreina y señora del castillo. Entregada, proactiva, incansable, eficaz, profesional y asertiva y ni un solo plato roto. Un verdadero ejemplo para mi y una verdadera sorpresa. Porque si, lo reconozco, no sabía que esperar de alguien tan así. Y me ha encantado ver que las cosas iban ocurriendo, que las dificultades se salvaban, que los presupuestos se aprobaban y que los ladrillos se iban contrapeando uno a uno. He aprendido y disfrutado de su habilidad e inteligencia innata para conseguir las cosas. De su irresistible batuta. Y del látigo de seda con el que azuzaba a bufones y ganado. Bravo.
Pero esa presencia amorosa que le abre puertas es la misma que le cierra otras. Y la piezas de aspecto frágil son las primeras en caer. Sonia era en realidad la brújula, esa pieza frágil pero imprescindible que lo alineaba todo.
Hace ya unos meses de aquel capitulo, pero la casualidad nos ha traído ahora una convivencia mucho mejor. Hace tiempo que no me interesan las amistades, sino que me apetecen. Y me gusta mucho mas lo que nos espera a partir de ahora, sin maquillaje y en familia, porque detrás de la damisela hay una persona interesante y especial.
Gracias Sonia por haberme hecho parte de aquel peculiar momentazo profesional. Por haber compartido reuniones ilusionantes, por contar conmigo… pero sobre todo gracias por los próximos años que vamos a compartir como vecinos.



Comentarios