A Polo, un personaje que es de verdad.
- E.T.

- 27 ene 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 feb 2025

Leopoldo, Polo, es un fenómeno de la naturaleza. Un tipo enorme, grande, intenso, inteligente y rápido. Es cualquier cosa menos inadvertido. Ruidoso, exagerado y aun así agradable. Uno de esos redescubrimientos y reencuentros de antiguos amigos del colegio gracias a Facebook.
En el colegio no recuerdo que fuéramos los más amigos, pero hoy me gusta haberle conocido más y entenderle mejor. Su filosofía de vida es sencilla: Ser feliz, explotar al máximo su capacidad y empatía, ganar dinero y disfrutarlo y hacer que cualquiera disfrute a su lado.
Polo ha creado un personaje de si mismo, se ha convertido en una atracción por sus bromas, sus patillas, su volumen y su simpatía natural. Después de muchos años de pruebas y errores, de bares, barras, noches y copas, encontró hace unos años su epicentro en el mundo del vino. Consciente de que el mundo de las copas es complicado, por fin ha llegado a construirse un entramado de empresas y negocios serios que le permiten llenarse la vida de las cosas que verdaderamente le gustan.
Pero ninguno de sus negocios parece demasiado serio por fuera. Los nombres que les pone, la comunicación que hace, la increíble buena actitud de sus empleados…. Porque Polo solo entiende la vida desde el disfrute, la risa y la buena compañía. Lo demás, puertas adentro.
Polo ha conseguido llegar al umbral de la certeza del que tanto hablo. Ese momento en el que uno ha caminado lo suficiente para entender cómo son las cosas gracias a sus propias conclusiones y experiencias. Sin escuchar a nadie, sin necesitar la ayuda, consejos o lecciones de muchos de los que se le acercan. Polo dice lo que tenga que decir y yo le escucho con interés. Me encanta oir su opinión sobre algunas de las cosas que están pasando en España. Porque su opinión es independiente. Es decir, sin dependencias. Y porque me gusta oír a quien tiene algo que decir y que cuando no lo tiene, también dice que no lo tiene.
A mi alrededor hay muchas personas que opinan, y muchas lo hacen en voz alta. Pero a unos los escucho y a otros no. Unos se han ganado el derecho a la razón y otros solo lo reclaman en voz alta como si eso sirviera de algo. La credibilidad no es algo que se consiga hablando más alto.
La gente poderosa en sus ideas y palabras no me suele gustar. Pero Polo lo es y me encanta oírle. Es básicamente respeto. Porque sé que detrás de todo lo que dice hay esfuerzo, convicción, mérito. Él se ha construido una entidad que llena cualquier conversación. Pero además los envuelve con un talento y gracia natural que termina por cuadrarlo todo.
Polo es energía pura, y quizás sea eso lo que mueva a un espécimen tan enorme de una forma tan ágil. Gracias por ser una gran referencia para mí y compartir cariños y momentos. Me da mucha envidia tu independencia y tu filosofía de vida.
Y a ti puedo decírtelo sin que lo malinterpretes.
Y mil gracias por algo mucho más concreto que aún recuerdo y recordaré. Cuando yo regresé arruinado de Chile me jugaba mucho con cada posible nuevo cliente. Unos inversores venían a Madrid y yo necesité hacer de anfitrión. Te llamé y al segundo desplegaste tu magia, les diste una experiencia que no olvidarán jamás, probaron vinos que en la vida volverán a probar, y conocieron a la persona más carismática. Me sentí afortunado. Pero sobre todo cuando no me cobraste lo que procedía sabiendo que yo no estaba en mi mejor momento. Sentí vergüenza, y me emocionó tu generosidad. Enorme Polo.



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