A Paco, que me mantuvo vivo a pesar de estar muerto.
- E.T.

- 18 ene 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 feb 2025

Paco es una de esas muchas personas que entran y salen de tu vida por cuestiones profesionales, pero pasados unos años no se suele recordar a todas ellas. Solo a algunas y seguramente más por cuestiones que tienen que ver con los valores, que con las posiciones.
Fue una época profesional muy gris para mi. Era un empresa financiera gris, los muros que me encerraban eran de un granito gris insulso, los muebles, las personas eran grises, los días eran grises, los proyectos.. tanto que el futuro de la empresa acabó siendo negro.
Las decisiones de empresa a veces llevan a situaciones absurdas. Mi posición en el organigrama de aquella empresa era cualquier cosa menos inspiradora. Tras 2 años razonablemente dignos, hubo un movimiento de nombres. El mío fue un nombramiento casi mecánico, en cascada, un movimiento de piezas más político que necesario, aun a sabiendas de que apenas habría contenido ni presupuestos para la oficina de nueva creación que debía dirigir. Sin equipo, sin presupuesto y sin ganas me trasladé a un despacho grande en la zona noble, donde resonaba aún más el vacío. Estaba completamente muerto profesionalmente.
En esos años aprendí a vivir de lado. En realidad me da pena recordarlo y reconocerlo. Vivir sobreviviendo es una forma de vida a medias. Solo tenía que ser prudente, no tener un mal gesto, ni dar un mal paso. Cuando una organización no espera mucho de ti lo mejor es no darle mucho. Y en general adopté una actitud de invisibilidad selectiva que me permitiera no caer al abismo del olvido, pero a la vez mantener la estatura de mi nombramiento. Dentro y sobre todo fuera de la compañía.
Paco era mi jefe y uno de los hombres fuertes de la organización y siempre le estaré agradecido. El era muy consciente de mi situación y aun así me incluyó siempre en el esquema de trabajo habitual y me dio a mí la visibilidad y presencia que no tenían mis proyectos ni mis presupuestos. Era consciente de que había llegado a la compañía años antes para un proyecto mayúsculo que con los años había quedado en nada y sentía cierta culpabilidad. Ciñéndose a la letra pequeña de mis responsabilidades hasta rozar lo absurdo, Paco me hacía partícipe de reuniones y situaciones en las que nadie me esperaría, pero así justificaba mi continuidad. Y con ello enviaba un mensaje claro a la organización acerca de mi. Supongo que sabía que yo podía aportar valor, pero que no era mi momento.
Nunca hablamos de ello de forma honesta. No tuvimos una relación tan cercana. Yo sentí verdadera vergüenza en muchos momentos al verme en reuniones en las que no entendía una palabra o cuando recibía algunos encargos de la organización unicamente destinados a darme algún contenido. Nunca me he sentido tan inútil y patetico en mi vida como cuando en los comités de seguimiento, algunos hablaban de activos, pasivos y endeudamiento y yo tenía que informar de las minucias casi infantiles que llevaba a cabo.
Era una situación vergonzosa en la que el resto del equipo mantuvo la seriedad y la dignidad, pero resultaba tan evidente que yo difícilmente mantenía la mirada. Aun hoy me produce una tristeza y vergüenza ajena difícil de explicar.
Cuando por fin decidí saltar de aquel barco a la deriva, di un giro radical a mi vida. Aquellos años oscuros llenos de sinsabores sirvieron para tocar fondo y por fin despertar. Y creo que cuando le anuncié a Paco que me iba, en el fondo le hice un gran favor. Se mostró contento por mí y me deseo suerte. De nuevo me trató como el profesional que yo había sido hasta justo antes de aquella situación tan ridicula.
Cuando decidí dejar la empresa intenté agradecerle su confianza, pero fueron días intensos y por si aún pudiera quedar algo de mi gratitud sin entregar, aquí te la envío querido Paco. Gracias de corazón. En medio de aquel sinsentido fuiste un ejemplo de profesionalidad y respeto hacia mí. Posiblemente aquel sea el único recuerdo amable que guarde de aquella etapa. El único gesto de nobleza y no fue de la compañía, fue únicamente tuyo.



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