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A Miguel y Teresa, por su actitud contagiosa...

  • Foto del escritor: E.T.
    E.T.
  • 21 ene 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 feb 2025



Miguel es en realidad Miguelín a pesar de su vasca constitución. Miguel es carne de multinacional. Un entrecot, en concreto. Curado de espantos en grandes firmas globales ha sabido siempre apañárselas. Al fin y al cabo es un recurso muy humano. Simpático y gracioso, pero espabilado en entornos complejos. En los últimos años, como yo, ha sufrido una transformación profesional radical. De un lado al otro de la mesa y de la seguridad a la incertidumbre.  Tras algunos intentos nulos, ahora ha saltado al emprendimiento y está teniendo la suerte que tienen quienes se la trabajan. Hemos compartido muchas vivencias en los últimos casi 15 años, hemos compartido las mejores carnes y tartas de queso de Cantabria, y a nuestra manera también nos hemos acompañado en los momentos menos jugosos.

 

Teresa es la risa y la inteligencia. Agotadoramente risueña y genial. Nunca acaba las frases porque no le hace falta… se le amontonan. Es tan expresiva que con 3 palabras ya dibuja la escena a la perfección. Son mil y una conversaciones desde hace años, conversaciones surrealistas y visionarias. Siempre encuentra ese enfoque inesperado, esa forma de explicar cosas que tienes delante pero no habías visto, y siempre desde la carcajada. Un carcajada ruidosa que hace aún más difícil entenderle y a veces me rio con dos frases de retraso. En estos días de confinamiento 2020 por el coronavirus, echo en falta su opinión. Me encantaría simplemente pasar tiempo con ella delante de un telediario escuchando sus ocurrencias. Tiene una especial habilidad para desnudar a los políticos y en general para hablar de las personas porque al fin y al cabo también las gestiona en su trabajo.

 

Como puede imaginarse, son una pareja maravillosa y caótica. Mezcla de Santander y Bilbao. Dos máquinas de ocurrencias y risas. Pero la clave es que siempre son certeros, tras la broma siempre hay criterio, son dos psicólogos riéndose de sí mismos, pero también dos profesionales brillantes y personas con los deberes muy hechos. Hablan para reirse porque quieren, saben y pueden. Su casa puede sugerir que siguen en su fase universitaría, pero sus cabezas son ingeniería fina.

 

Siempre han sido una gran referencia vital para nosotros. Digo nosotros porque en una ocasión, mi mujer y yo divagábamos y concluimos que si un día teníamos un accidente nos gustaría que ellos educaran a nuestra hija. Por todo lo que desprenden. No era una reflexión formal ni muy meditada, solo una ocurrencia. La sensación de que en su entorno habría siempre buenos principios, inteligencia y buen humor nos parecía idílico y nos dejaba tranquilos. Ellos lo estarán sabiendo ahora si alguna vez leen esto, pero ya poco importa. Porque nuestra hija podría volar sola ya. Pero en cualquier caso, gracias Miguel y Teresa, nos gusta como miráis a la vida y durante unos años fuisteis unos potenciales tutores de Martina. Gracias por tantas horas de risas, gracias por darnos pie a Cantabria y gracias por seguir siempre cerca.

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