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A Gerardo y Marisol, por su cariñosa acogida...

  • Foto del escritor: E.T.
    E.T.
  • 21 ene 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 25 feb 2025




Cuando me fui a vivir a Chile pasé casi 3 meses sin mi familia. Fui de avanzadilla. Mi misión era establecer el campamento base para cuando mi mujer y mi hija llegaran. Y empezar, sin distracciones, a poner en marcha la empresa y el proyecto por el que nos mudábamos.

 

Mis días eran intensos. Iba de una gestión a otra y aprendía de cada minuto vivido lejos de casa y con la plena responsabilidad de un proyecto.

 

Pero aún así, eran muchos los días de extrañeza y de vacío. Y los fines de semana eran una tortura emocional. Yo nunca había estado viviendo fuera de España y me sentía desubicado. Vivía en un hotel y aquellas 59 noches que pasé allí antes de tener un casa propia son seguramente el episodio más triste y deprimente que recuerdo en mi vida. A pesar del precioso proyecto, a pesar del enorme trabajo. Cuando yo me convertía de nuevo en mí mismo al quedarme solo, me derrumbaba por dentro.

 

Marisol y Gerardo fueron los primeros en invitarme a su casa. A una casa. Les conocí a través de unos amigos de familia. Yo no quise insistir mucho en visitarles porque me parecía todo muy forzado, y les escribí el primer mensaje con ciertas reservas.

 

Me invitaron un día a almorzar y aunque mi encerramiento me pedía decir que no, tenía que aceptar. No es sencillo llegar a casa de alguien a quien no conoces y quedarte a comer. No sabía qué esperar ni cómo me sentiría; y peor aún, cómo se sentirían ellos de recibir a alguien a quien invitaban por compromiso.

 

Llegué en taxi y llamé a la puerta. Me abrió una chica con delantal  y me acompañó al salón donde había ya varias personas.  La casa era imponente, pero el ambiente acogedor. En cuestión de minutos estaba entre amigos. La conversaciones eran divertidas, la gente me parecía encantadora. Mientras yo participaba en cada conversación que podía, iba analizándolo todo. Las personas, la forma de hablar, los posibles parentescos entre ellos, iba construyendo las historias de cada uno a medida que iba encadenando información…. Pero por dentro me sentía a gusto, acompañado….  y fue el primer día que me sentí feliz.

 

Me sentía tan agradecido que en mi afán por demostrar gratitud y cariño debí parecerles un tipo cursi y empalagoso, que no hacía más que dar las gracias por todo. Aquella fue la primera noche que dormí sin pensar en lo triste que era mi situación. Recordé lo que era una sensación de hogar, una familia y abracé aun con más fuerzas la idea de volver a ver a mi familia cuanto antes.

 

Marisol era una señora entrañable y genial, irreverente y gamberra dentro de una infinita elegancia natural y social. Y Gerardo un respetable, cordial, y animado empresario chileno que me recordaba a tanta gente…. Me gustaron desde el primer instante, eran entrañables e interesantes a la vez y aun hoy les recuerdo con un cariño especial.

 

Cuando mi mujer y mi hija por fín llegaron a Chile quise que les conocieran. Les había hablado tanto a unos de los otros que necesitaba juntarlos. Y en los meses siguientes se repitieron varios encuentros y almuerzos, domingos en familia y tardes de sobremesa.

 

Empezar de cero en un lugar extraño no es fácil. Por mucha ilusión que lleves en la maleta, tus referencias cambian y tus amigos no están. Pero tu sigues necesitando todo lo que tenías antes. La sensación de novedad dura lo que tarda la nostalgia en llegar.

 

Gracias Marisol y Gerardo, con todo el cariño, gracias por vuestra hospitalidad y cercanía. Os lo dije en persona mil veces, pero siento que hasta que no quede escrito no será oficial.

 

Editado: una vez más, tantos años cocinando estos textos han hecho que se hayan quedado desfasados. Regresamos a España.  Gerardo falleció hace unos años y lo sentimos mucho. Vimos a Marisol en una ocasión, la misma elegancia y la misma osadía, pero la mirada algo mas triste.  Mi cariño intacto y mi sensación de gratitud agrandada ahora que los años me permiten seleccionar los afectos verdaderos y las cariños pasajeros.

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