A Fadel, en aquel momento horrible.
- E.T.

- 5 ene 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 feb 2025

Esta situación, a día de hoy, me sigue dando escalofríos cuando la recuerdo a pesar de que ocurrió en 2018.
Ocurrió en un viaje a Abu Dhabi. Ya había trabajado con este cliente y me iba muy bien, pero en esta ocasión me habían pedido que presentara el proyecto yo mismo a los propietarios de la compañía en lugar de hacerlo ellos. En este caso al presidente de principal banco de Abu Dhabi.
Cualquiera entenderá que para alguien como yo que venía desde Villanueva de la Cañada, no era un viaje más. Trabajar en Emiratos me imponía un respeto especial, primero por el nivel de propuestas y proyectos al que están acostumbrados allí; y segundo porque, aunque iba muy advertido, tenía verdadero pavor a cometer alguna torpeza o descortesía cultural dado mi total desconocimiento del protocolo y mi palurdez natural. Un poco Paco Martínez Soria.
Llegamos a la majestuosa sede central del banco. No recuerdo la cantidad de controles de seguridad. cruzamos por espacios gigantescos y largos pasillos de mármol traslúcidos retroiluminados. Todo eran salones y despachos palaciegos pero de estilo moderno. La verdadera expresión del estilo y la abundancia en emiratos árabes. Y en la sede central de uno de sus bancos más poderosos.
Yo, que desde mi insignificancia me había propuesto no volver a usar una corbata en mi vida, viajaba una vez más con unos pantalones chinos y una camisa Oxford remangada y sudada por el calor insoportable. A medida que iba adentrándome en el corazón del edificio me sentía abrumado, inoportuno e irrespetuoso. Me acompañaba Claudio, mi interlocutor habitual, perfectamente trajeado y tranquilo, y 2 ejecutivos locales más enfundados en sus thobes blancos impolutos y sus turbantes.
Llegamos a la gran sala y, vista la puesta en escena, con vistosos montajes de comidas y bebidas, esperábamos a alguien verdaderamente importante que se retrasaba. Yo me quedé solo en aquella sala imponente. Pensé un instante en la situación y me puse a conectar el ordenador para no distraerme. Seguía hiperventilando por dentro.

Desde hacía año y medio yo utilizaba siempre una imagen de portada en mis presentaciones. Había cogido una preciosa imagen de un toblerone abierto y empezado sobre fondo blanco y había retocado y cambiado la marca por la mía, lo que me parecía divertido. Lo utilizaba para que la pantalla estuviera lista mientras llegaban los asistentes. pero también porque generaba siempre una pequeña conversación simpática antes del inicio. Yo hablaba del poder de las marcas más allá del logo y de lo goloso que soy para romper un poco el hielo.
Mientras esperaba la llegada me sudaban las manos. Pensaba en los puntos importantes de la presentación, en no olvidar ejemplos que había pensado en el taxi y en no defraudar a nadie…
El primero en llegar fue Fadel, a quien ya conocía de otras reuniones. Un alo ejecutivo a quien ya había presentado antes y quien había vuelto a confiar en mi para este proyecto. Me saludó amablemente y de inmediato se acercó y me dijo, “Enrique ¿estamos en Ramadán y tú nos pones una chocolatina en pantalla?, no vas a crear la mejor primera impresión al Presidente"
El mundo se paró para mí de golpe.
Las manos me sudaban y el corazón no me dejaba pensar. Pedí disculpas como pude. Me llevé la mano al corazón al hacerlo. Como un resorte, arranqué el cable hdmi del ordenador para borrar el maldito y ofensivo Toblerone. Entre temblores ,torpemente rehíce la portada con un insulso título y una pequeña falta de ortografía.
Mientras acertaba a conectar de nuevo el cable, pensaba en si Fadel estaría ofendido, si aquello era una verdadera afrenta cultural de un españolito irreverente contra la cultura musulmana. Y puesto a dramatizar, si aquello era el final y si podría volver a casa…
Fadel no le dio importancia “it´s Ok, Enrique.” mientras le avisaban de que llegaba el Presidente del Banco. Salío de la sala para entretenerle unos segundos fuera mientras yo tecleaba tembloroso. Yo recobré el aliento, pero seguía sudando, ahora ya no por la temperatura.
Es difícil reponerse a una situación así y mantener el tipo. Hacer una presentación inspiradora ante tamaña instituión y con una audiencia tan exigente, cuando tu corazón te ha salido por la boca instantes antes. Pero salió bien. Funcionó de maravilla, y nadie excepto yo recordará nunca aquella reunión.
Gracias Fadel por llegar pronto a la reunión antes que el resto y darme el aviso. Y por ganar esos segundos de oro. Pero sobre todo por la confianza y las extraordinarias oportunidades que me habéis dado en estos años. Desde mi torpeza y mi desconocimiento, Gracias.



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