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A Don Patricio, tan distante y distinto...

  • Foto del escritor: E.T.
    E.T.
  • 12 ene 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 25 feb 2025


Cuando lo sutil es lo importante
Cuando lo sutil es lo importante

Don Patricio es una honorable persona de la que me separa todo. Más de 10.000 kilómetros. Vivimos en hemisferios distintos en todos los sentidos y ámbitos de la vida que no concuerdan. Pero es una persona por la que siento una gran cercanía. Y a la que también guardo un asiento especial en este proyecto.

 

A nivel profesional se convirtió en mi primer cliente cuando yo decidí empezar mi empresa. Más por supervivencia que por convicción, yo necesitaba concretar aquel proyecto como fuera. Fueron unos meses larguísimos de tanteo antes de que se convenció de que yo era la persona que lideraría el concepto de uno de sus proyectos empresariales más especiales. Y para ello quiso conocerme bien. Todo el desarrollo del proyecto es una historia digna de contar y le debo un agradecimiento mayúsculo por ello. Con aquel proyecto empezó lo que hoy es una empresa que dura ya 10 años. Pero no es solo un enorme agradecimiento profesional lo que siento.

 

Durante aquel proceso de selección, compartimos comidas, momentos y sobre todo  recuerdo una presentación con la que definitivamente algo en su cabeza hizo click.

 

Un presentación junto a sus socios acerca del proyecto. Lo esperable era una presentación de credenciales, para que todos se sintieran seguros. Pero yo, que ya no tenía más tiempo ni más recursos para alargar aquel flirteo profesional había decidido que me lo jugaría todo en aquella presentación.

 

Rompiendo cualquier esquema fue una presentación en la que simplemente hablé del lujo. Y lo hice de una manera intelectual, en la que mostré secuencias de imágenes sutiles sin textos que les transportaban por distintos universos relacionados con el lujo. El lujo onírico, clásico, bizarro, honesto, rebelde, intimista, natural, estético, formal, pretencioso, vanidoso…Y yo hablé y hablé de sensaciones, visiones, detalles, matices y territorios.

 

Aquella presentación aun resuena en nuestras conversaciones. Fue solo entonces cuando contra todo pronóstico, supo que solo podía ser yo quien gestionara aquel proyecto. Porque en algún punto intelectual y emocional yo toque resortes que tenían que ser despertados. De firma sutil y elegante les mostré que sabía pensar como ellos necesitaban.

 

Y comencé a entender a Don Patricio. Su circunstancia y su impagable compañía.

 

Entendí que en un ciclo de la vida en el que todos los números básicos ya encajan, son los decimales los que dan sentido a las cosas. Y es ahí donde encontramos tantas afinidades.

 

Es una persona que busca y rebusca cómo llegar a lo inalcanzable y que vive presa de su adicción por la estética intelectual. Desde la serenidad y su consistencia personal, sufre la impotencia de la búsqueda permanente. Como yo, siente la incapacidad de no poder abrazar aquello que necesita porque son cosas intangibles. Cuando el alma pide cosas, no pide objetos, pide sentimientos. Y el ya tiene todo lo tangible que pueda necesitar.

 

Descubrir que uno trasciende su pensamiento y lo tangible es como una tortura diaria. La vida consiste en encontrar un cauce para sacar lo que uno lleva dentro. A veces es pintura, otras escritura, otras conversación… pero todo lo que uno lleva dentro tiene que encontrar una salida.

 

Y solo quien encuentra una herramienta para expresar todo eso con la suficiente intensidad y precisión, tiene el privilegio de esa liberación. Solo quien domina alguna disciplina llega a expresarse a través de ella.

 

El resto, como yo, torpemente vamos buscando maneras de expresarnos, experimentamos y nos frustramos. Con suerte tenemos pequeños momentos de lucidez o conexión con otras personas. 

 

Una frase, una imagen o un acorde que generamos nos permite conectar con nuestro interior. Pero solo dura un instante. Es como un agujero por el que solo nos dejan mirar de vez en cuando.

 

Don Patricio es exquisito y erudito. Es distante por su estatus y su entorno. Y en ocasiones creo que se siente solo porque no encuentra con quien perder el tiempo en una conversación intrascendente pero rica. Y por eso siento que es a la vez distante y distinto al resto.


Y en esa búsqueda nos encontramos durante unos años. Sin tener nada en común compartimos esos momentos de lucidez. Me compartió amistades y entornos. Me enseño y me explicó aquello que le gustaba. Compartió sus creaciones y sus búsquedas en la pintura o la poesía. Y yo encontré en él un espejo. Necesité compartir mis primeros cuadros y aquellos textos de los que me sentía orgulloso. Le enviaba referencias, artistas o proyectos que sentía le interesarían como a mí. A 10.000 kilometros y sin previo aviso ni explicación.

 

Por ello el agradecimiento es doble, por el incuestionable acicate que supuso aquel primer proyecto en mi aventura profesional, pero sobre todo por haberme dado cabida en su universo interior. Gracias Don Patricio por una conexión que valoro y aprecio, por las enseñanzas y las confidencias. Por la cercanía a pesar de la lejanía.

 

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